Comuna de San Jerónimo Sud
 
 

Historia

Ecos lejanos de mi San Jerónimo natal

 

Era una tarde tibia entre los días fríos de un invierno que nos golpea impiadoso los años que llevamos a cuestas… hacía tanto que no caminaba junto a mi hermana Beatriz por las calles de este San Jerónimo que llevamos en la sangre… Para ella era algo cotidiano, aunque no fuera por ese lugar y menos por la calle… Para mí era como ir en búsqueda de algo que no acertaba a definir… Más, de pronto sentí que el corazón cambiaba su ritmo… Algo ocurría a pocos metros… Y todo cambió en un segundo... Escuché la voz de mi madre, como tantas veces al filo del mediodía, mandarme al almacén de la esquina... Por aquel patio de tierra donde un día aquel dios terrenal = Inolvidable Doctor ALCARAZ, que como la historia... DEL VIEJO HOSPITAL DE LOS MUÑECOS... me devolviste a la vida con tu VIEJA CIENCIA,  bendita por gracia de Dios...

 


 

Recorría la vereda que pasaba frente a la pista del Atlético, cruzaba la calle y ahí estaba… El almacén de CHIQUIN… Chiquín… nunca supe su nombre ni apellido... Era, simplemente, Chiquín...Y entrar allí, para un chiquilín de siete, quizás ocho años era ingresar a un lugar casi mágico… Me rodeaban, me invadían, olores que no podía identificar,  pero extasiaban mis sentidos… Tal vez era una mezcla de todo aquello que surgía de bolsas... Y, estantes, donde aparecían productos de los más variados, que entonces se vendían sueltos...Y aquella hora, ya mediodía, aromas de comidas que fluían de una cercana cocina… Lo cierto es que aquellos olores no he vuelto jamás a percibirlos… Aquel momento culminaba cuando Chiquín extraía de una bolsa que me parecía enorme, un puñado de maníes que yo aguardaba, con temor de que algún día se olvidara de LA YAPA...Yo salía apresurado y devoraba ansiosa y placenteramente, antes de llegar a mi casa.
Si mi madre me descubría era una reprimenda seguro, con el temor al EMPACHO, que después solo podía curar DOÑA EMA...Oh, doña Ema… Quién de aquellos años puede olvidar a doña Ema? Sus VENCEDURAS eran infalibles… DOÑA EMA era única… He visto por entonces llegar estudiantes próximos a rendir para pedirle ayuda. Y oía cómo les recomendaba indefectiblemente ingerir manzanas. Decía ella que la manzana aclaraba la mente y estimulaba la asimilación de todo lo que estudiaban… Volviendo a Chiquín, pienso ahora si aquello no era el primer sabor de felicidad… que son momentos, un trayecto hacia un destino que jamás se alcanza... En el devenir de los años, comprendí cuantas veces se puede hacer feliz a alguien con muy poquito... un puñado de maníes, por ejemplo… Como siempre, el tiempo todo lo devora, implacable, nunca más supe de CHIQUIN... Hasta esta tarde invernal, cuando de pronto me detengo, ante el asombro de mi hermana que nada entendía... Se me ahogó la voz cuando apenas pude expresar… Está igual… Está igual… La vieja esquina de mi pueblo me mostraba la misma casa, incólume, tal cual… como hace más de sesenta años… LA CASA DE CHIQUIN… Acaso estarían encerrados aquellos olores que jamás volví a percibir..? Mi corazón, ya bastante cansado por años de trajinar, me llevo a los ojos la emoción, como diciéndoles háganse cargo... Hoy, que mi hermana no me escucha, confieso que tuve ganas de gritar...CHIQUIN...CHIQUIN… NO SE OLVIDE DEL PUÑADO DE MANIES... No importa, ya sé que no estás y a mi edad los recuerdos nos pone nostálgicos… Sin embargo, por unos minutos me sentí niño otra vez, con las rodillas embarradas, la inocencia a cuestas, una madre que ya no está, olores que extraño… y un puñado de maníes… Allá atrás, quedó la casa de la esquina… DIOS, tú que cada tanto pones a prueba nuestra capacidad de sentirnos más humanos, que no todo es puro materialismo, que tenemos un alma, y que nos hace bien sentirnos niños en distintas ocasiones, otra vez no evitaste que se me escape una lágrima. Pero te agradezco DIOS MIO..Una lágrima también puede significar FELICIDAD...Y cómo no sentirme feliz,  si permitiste que pudiera volver a mi pueblo, donde hace mucho tiempo encomendaste a un hijo tuyo...QUE ME HICIERA CAMINAR...?

 

II PARTE

Era verano y las chicharras interrumpían el silencio de la tarde... Habíamos dejado atrás el camino de la legua. El campo Sánchez estaba allí, de un lado el alambrado, del otro el maizal..Y allí andaban ellos, los cosecheros… Hombres, mujeres, niños, que cada año llegaban para el tiempo de cosecha, silenciosos, preocupados, y ocupados en llenar la dura y pesada maleta entre las piernas, con el rojo maíz deschalado con manos sufridas, encallecidas, buscadoras del jornal, duro jornal sumado por días y días para que después se convirtiera en el pan cotidiano... Correntinos, chaqueños, santiagueños… ¡Cuánto sudor, cuánto cansancio, y vaya uno a saber cuántas lagrimas, regaban cada año aquellas tierras para el tiempo de cosecha...! La voz de Oscar incitaba casi con cariño al zaino malacara que nos transportaba en el sulki familiar que iba dejando tras de sí una estela de polvo que, a medida que la tarde se caía, perezosa recostaba también su cansancio sobre los campos silentes...Campo Sánchez...allá vamos, rumbo a la chacra de los Gallucci...! No existía lugar con más encanto para mis años de pre-adolescencia que la chacra de los Gallucci… Y ahi estábamos llegando, con perros que saltaban alrededor del sulki en señal de bienvenida… Y doña Juana que, presta, nos recibía con una jarra de agua bien fría recién extraída del pozo de balde… Desde aquel momento comenzaba otra historia, esa que va fluyendo desde el confín de la memoria… Han pasado tantos años… Pero como olvidar esas noches increíbles, recostado en la gramilla y sorprenderme con el espectáculo maravilloso de miles y miles de estrellas que parecían transportarme a mundos ignorados..Cuanta majestuosidad reinante en aquellos cielos infinitos… Algún día, vaya uno a saber cuándo, seguramente alguien recorrerá esos mundos. Y la loca fantasía nos llevaba a imaginar que seguramente Dios nos tenía reservado ese privilegio...! De pronto el sueño se desvanecía cuando Oscar nos llamaba .La cena está lista. Y ahí estaba, en la cabecera de la mesa, gruesa, robusta, la figura de don Antonio… Una enorme tortilla de papas, cebollas, tomate, y una ensalada de lechuga recién cortada, eran para el humilde visitante el manjar de los dioses...Pienso que nunca volví a saborear algo parecido… ¡Qué virtud tiene la memoria que todo lo eleva...! Y escuchar al patriarca de la chacra hablar en su lengua con dificultoso español en llamativa mezcla, era imaginar su tierra madre, la lejana Italia de sus mayores, a la que don Antoni y tantos como él nunca volverían.. . Hnos. gringos… raza fuerte y laboriosa que tanto hicieron por esta bendita patria que los había recibido generosa como a tantos inmigrantes que un día cruzaron audaces los mares bravíos para llegar a la América morena, y alguna vez volver.  Aquí quedaron..Para siempre...Y aquí estoy, recordando aquellos amaneceres… ¡Cómo olvidar ese desayuno tempranero, con jamón y rodajas de tomate que doña Juana freía en enorme sartén pleno de grasa de la última carneada y la culminación con un delicioso café, con leche recién ordeñada, con pan casero, manteca y siempre alguna mermelada o dulce de leche, obra de la mano maestra de "la patrona"... Desde entonces, nada ha sido más maravilloso que aquellos campos, ubérrimos, generosos, pródigos gracias a las callosas manos y cuerpos puro músculo y sudor..Si me parece ver agitarse suavemente los trigales, los maizales, los celestes linares, y mas allá, cientos de vacas Holando pastando, a las que nuestros queridos vascos le extraían el oro blanco, imprescindible desde siempre… De paso, cómo olvidar aquella radio a batería donde se escuchaba entonces el legendario Repórter Esso… Era la hora del sosiego, la pausa tras el ajetreo cotidiano, y tomar contacto con el mundo..Afuera, la noche y sus misterios...Y las estrellas en el cielo..Esas… que en un rato más, volverán a mostrarse y podré decirles "Hola, amigas de mi infancia..Echaré una última mirada a mi viejo camino de la legua..Y volveré sobre mis pasos..Fugaces, los juntadores de maíz que venían de lejos a deschalar las espigas, y un sulky devorando el rústico sendero, se entremezclarán en otra historia de las auténticas vivencias de aquél San Jerónimo del ayer, del campo Sánchez casi de leyenda, y de los hombres y mujeres protagonistas de un tiempo que se resiste al olvido, porque están aquí, en el jardín de la memoria y en la sangre nueva, poderosa, de quienes no arriarán jamás el amor por su terruño... Nunca más supe de los Gallucci, generosa y laboriosa familia campesina...Pero estoy seguro que todos los Gallucci que trajinaron nuestros campos se ganaron con justicia su lugarcito en el cielo...Si el Señor, en su infinita misericordia, me concediera un día aunque fuera pasar por ahí, quien dice que no aparezca ora vez Doña Juana con una jarra de la fresca agua de los cielos………

Juan Carlos BARRIOS; Paso de los Libres (Corrientes); Julio de 2012.-

 

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